Juan Ramón llegó preguntando por inversiones. Pero en cuanto empezaron a hablar, quedó claro cuál era el problema de verdad: tenía demasiado. Clases de parkour, un centro de animación infantil, propiedades vacacionales, mudanzas, compraventa de muebles y un campeonato del mundo de kempo entre medias.
"Tengo un millón de ideas en la cabeza que no tengo ni tiempo ni dinero suficiente para llevar a cabo."
No era falta de capacidad. Era exceso sin sistema. Lo que hicimos fue identificar sus Actividades de Máximo Rendimiento, cerrar el abanico y definir exactamente dónde tenía que poner la energía.
El resultado: de 40 caminos posibles a uno con cuatro ramas claras y bien definidas. Y la sensación, por primera vez, de saber hasta dónde tiene que llegar.